viernes, 19 de diciembre de 2014

¡Chinchín!



Aunque parezca una onomatopeya, chinchín es en realidad una interjección utilizada para acompañar el choque de copas o vasos en un brindis. Esta expresión de cortesía es de origen chino (de ching-ching, que significa algo parecido a 'por favor') y nos ha llegado, según el Diccionario de la Academia, a través del inglés.

Al no ser una onomatopeya, no son apropiadas las grafías propias de ellas, como el guion (chin-chin) o la coma (chin, chin). Se trata de una palabra ya adaptada que se escribe sin espacio y, según las normas ortográficas generales, con tilde en la segunda i.

Fuente: Fundéu (Fundación del Español Urgente)

viernes, 12 de diciembre de 2014

¿Qué es el "queísmo"?


El queísmo es una incorrección gramatical que consiste en la supresión indebida de la preposición de.

En español existen ciertos verbos que exigen en su construcción la presencia de la preposición de. El temor de algunos hablantes a caer en el conocido fenómeno del dequeísmo los lleva a omitir esta preposición en los casos en los que, sin embargo, es obligatoria.

La preposición de no debe omitirse cuando va con verbos que llevan un complemento de régimen (acordarse, alegrarse, arrepentirse, olvidarse… de algo o convencer, tratar… de algo). Tampoco con sustantivos y adjetivos que necesitan un complemento preposicional (a condición de, con ganas de… y seguro de, convencido de…). Ni con locuciones como a pesar de, a fin de, a condición de, en caso de, hasta el punto de…


Hay, por último, verbos que pueden construirse con, o sin, la preposición de. Es el caso de advertir algo a alguien y advertir de algo a alguien; avisar algo a alguien y avisar de algo a alguien; cuidar algo o a alguien y cuidar de algo o alguien; dudar algo y dudar de algo; informar algo a alguien (en América) e informar de algo a alguien (en España).

Para saber cuándo debemos emplear de que, podemos cambiar que por esto. Si queda bien, entonces va de. Por ejemplo: "Estoy seguro de que hoy llueve". "Estoy seguro de esto". 

Fuente: Fundéu (Fundación del Español Urgente), ¡Ay!, ahí hay un error
             

sábado, 6 de diciembre de 2014

"La tienda de equipajes", Ray Bradbury



Cuando aquella noche el dueño de la tienda de equipajes escuchó la noticia, transmitida directamente desde la Tierra en una onda de luz-sonido, le pareció algo muy remoto.

Una guerra iba a estallar en la Tierra.

El dueño de la tienda de equipajes se asomó a la puerta y miró el cielo.

Sí, allá estaba la Tierra, en el cielo nocturno, descendiendo como el sol detrás de las colinas. Las palabras de la radio y aquella estrella verde eran lo mismo.

—No lo creo —dijo el dueño de la tienda.

—Porque usted no está allá —dijo el padre Peregrine, que se había detenido para entretener la velada.

—¿Qué quiere decir, padre?

—En mi infancia era lo mismo —explicó el padre Peregrine—. Nos decían que había estallado una guerra en China y no lo creíamos. China estaba demasiado lejos. Y moría demasiada gente. Imposible. No lo creíamos ni al ver las películas. Bueno, así es ahora. La Tierra es China. Está tan lejos que parece irreal. No está aquí. No se puede tocar. No se puede ver. Es solo una luz verde. ¿En esa luz viven dos billones de personas? ¡Increíble! ¿Una guerra! No oímos las explosiones.

—Ya las oiremos —dijo el dueño de la tienda—. No puedo olvidarme de todos los que iban a venir a Marte en esta semana. ¿Cuántos eran? Unos cien mil en un mes, más o menos. ¿Qué hará esa gente si estalla la guerra?

—Supongo que volverán. Los necesitarán en la Tierra.
—Bueno —dijo el dueño—. Será mejor que sacuda el polvo de las maletas. Sospecho que en cualquier momento habrá aquí un tropel de clientes.

—¿Cree usted que si es esta la Gran Guerra de la que tanto se ha hablado las gentes de Marte volverán a la Tierra?

—Es curioso, padre; pero sí, creo que volverán, todos. Ya sé que hemos venido huyendo de muchas cosas: la política, la bomba atómica, la guerra, los grupos de presión, los prejuicios, las leyes; ya lo sé. Pero nuestro hogar está aún allá abajo. Espere y verá. Cuando la primera bomba atómica caiga en los Estados Unidos, la gente de aquí arriba comenzará a pensar. No han vivido aquí bastante tiempo. No más de un par de años. Si hubieran pasado aquí cuarenta años, todo sería distinto; pero allá abajo están sus parientes, y los pueblos donde nacieron. Yo ya no puedo creer en la Tierra; apenas puedo imaginármela. Pero yo soy viejo. No cuento. Podría quedarme aquí.

—Lo dudo.

—Sí, tiene usted razón.

De pie, en el porche, contemplaron las estrellas. Al fin el padre Peregrine sacó algún dinero del bolsillo y se lo dio al propietario.

—Ahora que lo pienso, mejor que me dé una maleta nueva. La que tengo está muy estropeada...



viernes, 28 de noviembre de 2014

"Tráiler", mejor que "trailer"


Tráiler es la adaptación al español del término inglés trailer, en referencia a los ‘fragmentos de una película que se proyectan antes de su estreno con fines publicitarios’.

El Diccionario panhispánico de dudas recoge tráiler como ‘extracto de una película que se proyecta, con fines publicitarios, antes de su estreno’. Por otra parte, lo apropiado es escribir este término con tilde conforme a las normas de la Ortografía de la lengua española. En el Diccionario académico, en la entrada de tráiler, se remite a avance, que se presenta como una variante válida en español dentro del campo cinematográfico.

Su plural es tráileres, tal y como propone la norma de formación de plurales de la Ortografía académica. 

Fuente: Fundéu (Fundación del Español Urgente)


viernes, 21 de noviembre de 2014

"Carta a un reportero", Antón Chéjov


Esta semana hubo seis incendios grandes y cuatro pequeños. Se suicidó un joven por el amor apasionado hacia una dama, y esa misma dama enloqueció al conocer su muerte. El portero Guskin se ahorcó porque había consumido en exceso. El día de ayer se hundió un bote con dos tripulantes y un niño pequeño… ¡Pobre niño! En los jardines públicos de La Arcadia, le agujerearon la espalda a cierto comerciante y casi le rompen la crisma. Atraparon a cuatro ladronzuelos bien vestidos, y un tren de mercancías naufragó. ¡Lo sé todo, estimado señor mío! ¡Qué circunstancias tan diferentes! ¡Cuánto dinero tiene usted ahora y no me da a mí ni un kopek! ¡Los buenos caballeros no hacen eso! 
Su sastre, Zmirlóv.


Informó: El hombre sin bazo.

viernes, 14 de noviembre de 2014

"Ortiba" y "ortiva", lunfardo


El lunfardo es un vocabulario, un conjunto de palabras que derivan de la deformación de términos gauchescos y de la interacción del castellano, debido a la inmigración europea hacia la Argentina, con palabras que provienen de otros idiomas, como el inglés y el francés. Muchos términos del lunfardo se encuentran en letras de tango; de hecho, se puede decir que el lunfardo es el idioma del tango.

Asimismo, bastantes palabras del lunfardo se refieren a la policía, al robo, a la cárcel y a la delincuencia. Esto se debe a que surgieron de la mano de los presos, que las usaban como códigos internos para que las autoridades no los entendieran. A comienzos del siglo xx, su uso comenzó a extenderse hacia toda la sociedad.


La palabra ortiba proviene de batidor (hablar de más, delatar). En cambio, ortiva se generalizó como aguafiestas, amargado, aburrido o quien no quiere colaborar.

Fuente: ¡Ay!, ahí hay un error

sábado, 8 de noviembre de 2014

"La torre", H. P. Lovecraft


Desde esa esquina se puede ver la torre. Si el testigo abandona por un segundo el ruido de la vida porteña, descubrirá tras las paredes circulares un aquelarre. El eco del mismo lugar que la humanidad resguarda en la penumbra bajo diferentes disfraces. La esencia de los cimientos de construcciones tan antiguas como las pirámides y Stonehenge. Allí se suceden acontecimientos —incluso próximos a lo cotidiano— que atraen a hados y demonios.

Fue lupanar y fumadero de opio. Acaso alguno de sus visitantes haya dejado el alma allí preso del puñal de un malevo. Pero fue cuando llegó aquella artista pálida, María Krum, que su esencia brotó al fin. Recuerdo que apenas salía para hacer visitas a la universidad. Fue en su biblioteca donde hojeó las páginas del prohibido Necronomicón. Mortal fue su curiosidad por la que recitó aquel hechizo. Quizá creyó que las paredes sin ángulos la protegerían de los sabuesos. Pero esas criaturas son hábiles, impetuosas, insaciables. Los vecinos oyeron el grito del día en que murió. Ahora forma parte de la superstición barrial. Pero yo sigo oyendo su sufrimiento y el jadeo de los Perros de Tíndalos que olfatean, hurgan y rastrean en la torre.