lunes, 27 de marzo de 2017

"Después de los lobos", Liliana Bodoc

                                             Un mundo sin diferencias es tan temible como un arcoíris gris

Andan los lobos en manadas. Su ferocidad va delante de ellos y detrás van sus sombras, estiradas por el último sol del atardecer. Primero la ferocidad, después los lobos, después las sombras. Las manadas recorren los caminos del bosque.

El bosque, que los conoce bien, sabe que se acerca una muerte. Porque los lobos tienen hambre, un hambre enorme y antigua tal como si jamás hubiesen comido ni ellos ni sus padres ni sus abuelos. Con las orejas alertas, los hocicos entreabiertos y los colmillos en su sitio, la manada va en busca de su presa. Pero (si no hay pero, no hay cuento), a veces, las cosas cambian, se sacuden .

Hace tiempo y más tiempo, en la gran manada de los lobos del mundo, comenzó a suceder algo extraño. Por aquí, por allá, en este bosque y en aquella pradera, nacieron algunos lobos que no quisieron, no supieron o no pudieron ser iguales a todos. Entonces, lentamente, comenzaron a cambiar sus costumbres.

Un día dejaron de mirar la luna y empezaron a mirar con curiosidad las luces de los fuegos que encendían los hombres. Otro día soñaron que cuidaban ovejas, que sus hocicos encontraban el rastro de los perdidos, que sus ojos deshacían oscuridad. Y mientras soñaban movían la cola y bajaban las orejas.

Con el tiempo los animales que no querían, no sabían o no podían ser iguales al resto de las manadas se fueron rezagando. La inquietud, las burlas y las rabias de sus compañeros se transformaron en distancia y soledad. Entonces, en esta pradera y en aquel bosque, ellos tomaron otro camino.


Viven hoy muy cerca de los hombres, más de los hombres que de la luna, y tienen los nombres que les pone el amor.

jueves, 23 de febrero de 2017

Emoticonos y emojis, ¿significan lo mismo?


Los emoticonos son los símbolos creados con signos de puntuación, que suelen leerse inclinando la cabeza: :-), ;-) o :-(. En cambio, los emojis son pequeñas figuras en color con valor simbólico.  


La palabra emoji proviene del japonés y se pronuncia como /emóyi/. Lo adecuado es escribirla en cursiva por ser un extranjerismo, aunque también se puede emplear la adaptación al español emoyi, en redonda.


Pese a esa distinción original, en el uso general es frecuente y aceptable utilizar emoticonos para referirse a todos esos símbolos.

Fuente: Fundéu (Fundación del Español Urgente)

domingo, 2 de octubre de 2016

Conectores

Los marcadores del discurso, también llamados enlaces extraoracionales o conectores argumentativos, extraoracionales, procesadores textuales, etc., unen de forma explícita segmentos textuales (enunciados o grupos de enunciados) y establecen entre ellos distintas relaciones semánticas (de significado) y pragmáticas (cómo influye el contexto en la interpretación del enunciado). Con frecuencia no son necesarios para comprender el contenido del texto, pero lo habitual es que aparezcan para que sepamos interpretar el enunciado que introducen con respecto al anterior.

Clasificación por función: 

Marcadores que estructuran el discurso
• Iniciadores: para empezar
• Enumeradores: en primer lugar, en segundo lugar
• Digresores: a propósito, por cierto, a todo esto
• Finalizadores: por último, en último término, en fin, finalmente
• Continuativos: entonces, así pues, de modo que, pues bien, conque
• Conclusivos: en consecuencia, en conclusión, en resumen, por tanto

Conectores que unen dos segmentos textuales
• Aditivos: además, incluso, asimismo
• Contraargumentativos: sin embargo, no obstante, por el contrario
• Consecutivos: por tanto, por consiguiente, en consecuencia, entonces, en efecto, de ahí

Marcadores que indican la posición del hablante hacia la continuación del discurso
• Indicativos de opinión: desde mi punto de vista, en mi opinión
• Reformuladores explicativos: es decir, o sea, total, en otras palabras, por ejemplo

Marcadores conversacionales para mostrar el seguimiento del discurso
• Iniciativos: mirá vos, a ver, ¿sabés qué?
• Enfáticos: claro que sí, no faltaría más
• Aprobativos: bueno, perfecto, bien, de acuerdo
• Afirmativos: evidentemente, por supuesto, en efecto
• Apelativos: mirá, escuchá, fijate

• Comprobativos: ¿verdad?, ¿me seguís?, ¿me entedés?


Fuente: Wikilengua

lunes, 15 de agosto de 2016

Teléfono + ninguneo = ningufoneo

El término inglés phubbing, con el que se alude al hecho de que una persona solo preste atención a un dispositivo móvil sin hacer caso de su entorno, en especial a las personas que lo rodean, puede traducirse por ningufoneo.

Imagen extraída de Pinterest
En las noticias se está empleando este anglicismo con creciente frecuencia, como en los siguientes ejemplos: «El Phubbing puede generar trastornos personales», «La gente que dijo ser la más proclive a hacer phubbing era también la que más habitualmente era objeto de esta práctica» o «Tiene una página para escrachar a famosos que hacen phubbing».


La voz phubbing es de creación reciente a partir de phone, que significa ‘teléfono’, y snubbing, que es ‘desaire’, ‘desprecio’ o ‘ninguneo’. Tomando los equivalentes españoles es posible crear el neologismo ningufonear, un acrónimo de ningunear y telefonear, del que a su vez se puede derivar ningufoneo. El primero de ellos está definido en el Diccionario académico como ‘no hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración’ o ‘menospreciar a alguien’, lo que refleja fielmente lo que se quiere expresar.

A partir de estas voces, pueden formarse otros derivados como ningufoneador, para la ‘persona que ningunfonea’ y que puede funcionar bien como sustantivo o bien como adjetivo. Al ser palabras bien formadas, no necesitan ni comillas ni cursiva.


De este modo, en los ejemplos anteriores podría haberse escrito «El ningufoneo puede generar trastornos personales», «La gente que dijo ser la más proclive a ningufonear era también la que más habitualmente era objeto de esta práctica» y «Tiene una página para escrachar a famosos ningufoneadores».

Fuente: Fundéu (Fundación del Español Urgente)

jueves, 21 de julio de 2016

Philip K. Dick (fragmento de una carta), 14 de mayo de 1981

“En primer lugar, definiré lo que es la ciencia ficción diciendo lo que no es. No puede ser definida como un ‘relato, novela o drama ambientado en el futuro’, desde el momento en que existe algo como la aventura espacial, que está ambientada en el futuro, pero no es ciencia ficción; se trata simplemente de aventuras, combates y guerras espaciales que se desarrollan en un futuro de tecnología superavanzada. (…) De modo que si separamos la ciencia ficción del futuro y de la tecnología altamente avanzada, ¿a qué podemos llamar ciencia ficción?

Imagen extraída de Pinterest
Tenemos un mundo ficticio; este es el primer paso. Una sociedad que no existe de hecho, pero que se basa en nuestra sociedad real; es decir, esta actúa como punto de partida. La sociedad deriva de la nuestra en alguna forma (…). Es nuestro mundo desfigurado por el esfuerzo mental del autor, nuestro mundo trasformado en otro que no existe o que aún no existe. Este mundo debe diferenciarse del real al menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra sociedad o en cualquier otra sociedad del presente o del pasado. Una idea coherente debe fluir en esta desfiguración; quiero decir que la desfiguración ha de ser conceptual, no trivial o extravagante… Esta es la esencia de la ciencia ficción, la desfiguración conceptual que, desde el interior de la sociedad, origina una nueva sociedad imaginada en la mente del autor, plasmada en letra impresa y capaz de actuar como un mazazo en la mente del lector, lo que llamamos el shock del no reconocimiento. Él sabe que la lectura no se refiere a su mundo real.

Ahora tratemos de separar la fantasía de la ciencia ficción. Es imposible, y una rápida reflexión nos lo demostrará. Fijémonos en los personajes dotados de poderes paranormales; fijémonos en los mutantes que Ted Sturgeon plasma en su maravilloso Más que humano. Si el lector cree que tales mutantes pueden existir, considerará la novela de Sturgeon como ciencia ficción. Si, al contrario, opina que los mutantes, como los brujos y los dragones, son criaturas imaginarias, leerá una novela de fantasía. La fantasía trata de aquello que la opinión general considera posible bajo determinadas circunstancias. Esto es, en esencia, un juicio arriesgado, puesto que no es posible saber objetivamente lo que es posible y lo que no lo es, creencias subjetivas por parte del autor y del lector”.


Philip K. Dick (fragmento de una carta), 14 de mayo de 1981

sábado, 23 de mayo de 2015

"Narciso", Manuel Mujica Láinez


Si salía, encerraba a los gatos. Los buscaba, debajo de los muebles, en la ondulación de los cortinajes, detrás de los libros, y los llevaba en brazos, uno a uno, a su dormitorio. Allí se acomodaban sobre el sofá de felpa raída, hasta su regreso. Eran cuatro, cinco, seis, según los años, según se deshiciera de las crías, pero todos semejantes, grises y rayados y de un negro negrísimo.
Serafín no los dejaba en la salita que completaba, con un baño minúsculo, su exiguo departamento, en aquella vieja casa convertida, tras mil zurcidos y parches, en inquilinato mezquino, por temor de que la gatería trepase a la cómoda encima de la cual el espejo ensanchaba su soberbia.

Aquel heredado espejo constituía el solo lujo del ocupante. Era muy grande, con el marco dorado, enrulado, isabelino. Frente a él, cuando regresaba de la oficina, transcurría la mayor parte del tiempo de Serafín. Se sentaba a cierta distancia de la cómoda y contemplaba largamente, siempre en la misma actitud, la imagen que el marco ilustre le ofrecía: la de un muchacho de expresión misteriosa e innegable hermosura, que desde allí, la mano izquierda abierta como una flor en la solapa, lo miraba a él, fijos los ojos del uno en el otro. Entonces los gatos cruzaban el vano del dormitorio y lo rodeaban en silencio. Sabían que para permanecer en la sala debían hacerse olvidar, que no debían perturbar el examen meditabundo del solitario, y, aterciopelados, fantasmales, se echaban en torno del contemplador.

Las distracciones que antes debiera a la lectura y a la música propuesta por un antiguo fonógrafo habían terminado por dejar su sitio al único placer de la observación frente al espejo. Serafín se desquitaba así de las obligaciones tristes que le imponían las circunstancias. Nada, ni el libro más admirable ni la melodía más sutil, podía procurarle la paz, la felicidad que adeudaba a la imagen del espejo. Volvía cansado, desilusionado, herido, a su íntimo refugio, y la pureza de aquel rostro, de aquella mano puesta en la solapa le infundía nueva vitalidad. Pero no aplicaba el vigor que al espejo debía a ningún esfuerzo práctico. Ya casi no limpiaba las habitaciones, y la mugre se atascaba en el piso, en los muebles, en los muros, alrededor de la cama siempre deshecha. Apenas comía. Traía para los gatos, exclusivos partícipes de su clausura, unos trozos de carne cuyos restos contribuían al desorden, y si los vecinos se quejaban del hedor que manaba de su departamento se limitaba a encogerse de hombros, porque Serafín no lo percibía; Serafín no otorgaba importancia a nada que no fuese su espejo. Éste sí resplandecía, triunfal, en medio de la desolación y la acumulada basura. Brillaba su marco, y la imagen del muchacho hermoso parecía iluminada desde el interior.

Los gatos, entretanto, vagaban como sombras. Una noche, mientras Serafín cumplía su vigilante tarea frente a la quieta figura, uno lanzó un maullido loco y saltó sobre la cómoda. Serafín lo apartó violentamente, y los felinos no reanudaron la tentativa, pero cualquiera que no fuese él, cualquiera que no estuviese ensimismado en la contemplación absorbente, hubiese advertido en la nerviosidad gatuna, en el llamear de sus pupilas, un contenido deseo, que mantenía trémulos, electrizados, a los acompañantes de su abandono.

Serafín se sintió mal, muy mal, una tarde. Cuando regresó del trabajo, renunció por primera vez, desde que allí vivía, al goce secreto que el espejo le acordaba con invariable fidelidad, y se estiró en la cama. No había llevado comida, ni para los gatos ni para él. Con suaves maullidos, desconcertados por la traición a la costumbre, los gatos cercaron su lecho. El hambre los tornó audaces a medida que pasaban las horas, y valiéndose de dientes y uñas, tironearon de la colcha, pero su dueño inmóvil los dejó hacer. Llego así la mañana, avanzó la tarde, sin que variara la posición del yaciente, hasta que el reclamo voraz trastornó a los cautivos. Como si para ello se hubiesen concertado, irrumpieron en la salita, maulando desconsoladamente.

Allá arriba la victoria del espejo desdeñaba la miseria del conjunto. Atraía como una lámpara en la penumbra. Con ágiles brincos, los gatos invadieron la cómoda. Su furia se sumó a la alegría de sentirse libres y se pusieron a arañar el espejo. Entonces la gran imagen del muchacho desconocido que Serafín había encolado encima de la luna -y que podía ser un afiche o la fotografía de un cuadro famoso, o de un muchacho cualquiera, bello, nunca se supo, porque los vecinos que entraron después en la sala solo vieron unos arrancados papeles- cedió a la ira de las garras, desgajada, lacerada, mutilada, descubriendo, bajo el simulacro de reflejo urdido por Serafín, chispas de cristal.


Luego los gatos volvieron al dormitorio, donde el hombre horrible, el deforme, el Narciso desesperado, conservaba la mano izquierda abierta como una flor sobre la solapa y empezaron a destrozarle la ropa.

viernes, 3 de abril de 2015

Semana Santa: mayúsculas y minúsculas



Con motivo de la celebración de la Semana Santa, se recuerda en qué casos hay que emplear las mayúsculas y en cuáles las minúsculas en los términos y expresiones relacionados:

- Tal como indica la Ortografía, los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de los períodos litúrgicos o religiosos se escriben con inicial mayúscula: la Cuaresma, la Semana Santa, la Pascua.

- También se escriben con mayúscula las denominaciones Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo…

- Se escriben con inicial minúscula los términos religiosos como vigilia, eucaristía, misa, confesión, comunión o procesión.


- También se escribe con inicial minúscula viacrucis o vía crucis (las Academias prefieren la primera grafía; no se considera apropiado vía-crucis).

Fuente: Fundéu (Fundación del español Urgente)

viernes, 27 de febrero de 2015

"El discípulo", Oscar Wilde



Cuando murió Narciso, el remanso de su placer se trocó de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, y llegaron llorando a través de los bosques las ninfas de las montañas, las oréades, para consolar al remanso con su canto.

Y cuando vieron que el remanso se había trocado de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas saladas, soltaron las verdes trenzas de sus cabellos y gritando al remanso le dijeron:

—No nos sorprende que hagas un duelo tal por Narciso, tan hermoso como era.

—¿Era hermoso Narciso? —dijo el remanso.

—¿Quién había de saberlo mejor que tú? —respondieron las ninfas—. A nosotras siempre nos desdeñaba, pero a ti te cortejaba, y solía recostarse en tus orillas e inclinarse a mirarte, y en el espejo de tus aguas reflejaba gustoso su belleza.

Y el remanso respondió:


—Pero yo amaba a Narciso porque, cuando recostado en mis orillas se inclinaba a mirarme, en el espejo de sus ojos veía mi propia belleza reflejada.

jueves, 19 de febrero de 2015

"Fe", sin tilde



Por tratarse de una palabra monosílaba, el sustantivo fe se escribe sin tilde.

Tal como indica la Ortografía de la lengua española, salvo en los casos de tilde diacrítica, "las palabras de una sola sílaba no se acentúan nunca gráficamente […]: mes, bien, sol, me, ya, son, fe, fue, vio, dio".

En el caso concreto de Santa Fe, se recuerda que esta es la grafía adecuada para referirse a una ciudad y a una provincia de la Argentina, tal como señala el Diccionario panhispánico de dudas.

Fuente: Fundéu (Fundación del español Urgente)

viernes, 9 de enero de 2015

Verbo "haber" impersonal


Un error muy frecuente es la utilización incorrecta del verbo haber cuando se usa como impersonal. Como carece de sujeto, se usa solo en tercera persona del singular.

Por ejemplo: "Hubo tres días feriados", "Hubo varios heridos", "Había tres parejas en la plaza". 

Por lo tanto, es incorrecto escribir: "Hubieron tres días feriados", "Hubieron varios heridos", "Habían tres parejas en la plaza". 

viernes, 2 de enero de 2015

"Selfi", la palabra del 2014


Selfi, la adaptación al español del anglicismo selfie, es la palabra del año 2014 para la Fundación del Español Urgente (Fundéu).

El fenómeno de las fotos que los ciudadanos se toman a sí mismos, en general con dispositivos móviles, y que luego suelen compartir en redes públicas o privadas ha hecho furor en los últimos años en todo el mundo.

La Fundación, en su labor de promover el buen uso del español en los medios, aconsejó ya en diciembre del 2013 posibles alternativas al anglicismo de moda: autofoto o la ya consolidada autorretrato, palabras bien formadas en español y que pueden ser útiles para evitar el abuso del término inglés.

En octubre del 2014, la Fundéu propuso selfi, sin la e final del original inglés, como adaptación válida al español. En su recomendación sobre ese término, se explicaba que el plural adecuado es selfis y que, en tanto el uso mayoritario se decante por el masculino o femenino, puede considerarse una palabra ambigua en cuanto al género (el/la selfi), como el/la mar, el/la armazón y otras muchas.


La manifiesta actualidad del término es lo que ha llevado al equipo de la Fundación a elegir finalmente selfi como palabra del año 2014.

Fuente: Fundéu

viernes, 26 de diciembre de 2014

"Maulladores", J. R. R. Tolkien


Los Maulladores viven en sus sombras
como tinta, húmedas y negras,
y lenta y suave su campana toca
cuando te devora la ciénaga.

La ciénaga te traga, si te atreves
a golpear, llamando a su puerta,
mientras miran las gárgolas, sonrientes,
y derraman aguas infectas.

Junto al podrido pantanal lodoso
lloran los sauces encorvados
y los cuervos se yerguen tenebrosos,
y en sus sueños siguen graznando.

Sobre los Montes Mercerros, por fatigoso camino,
donde son grises los árboles, en un valle enmohecido,
a la orilla de un estanque sin viento y marea, oscuro,
sin ver el sol ni la luna, hay Maulladores ocultos.

Los Maulladores moran en sus sótanos
húmedos, fríos y profundos,
y encerrados en ellos, cuentan oro
con solo un candil moribundo.

Mojada la pared, gotea el techo;
por sobre el suelo, sus pisadas
van suavemente, con un chapoteo,
furtivamente hacia la entrada.

Espían con malicia; van buscando
un hueco sus sensibles dedos,
y cuando han terminado, con un saco
se llevan y guardan tus huesos.

Sobre los Montes Mercerros, por la senda solitaria,
allende el pantano Sapio y la sombra de la araña,
por los árboles colgantes, cruzando la hierba de horca,
con Maulladores te encuentras, Maulladores te devoran.

viernes, 19 de diciembre de 2014

¡Chinchín!



Aunque parezca una onomatopeya, chinchín es en realidad una interjección utilizada para acompañar el choque de copas o vasos en un brindis. Esta expresión de cortesía es de origen chino (de ching-ching, que significa algo parecido a 'por favor') y nos ha llegado, según el Diccionario de la Academia, a través del inglés.

Al no ser una onomatopeya, no son apropiadas las grafías propias de ellas, como el guion (chin-chin) o la coma (chin, chin). Se trata de una palabra ya adaptada que se escribe sin espacio y, según las normas ortográficas generales, con tilde en la segunda i.

Fuente: Fundéu (Fundación del Español Urgente)

viernes, 12 de diciembre de 2014

¿Qué es el "queísmo"?


El queísmo es una incorrección gramatical que consiste en la supresión indebida de la preposición de.

En español existen ciertos verbos que exigen en su construcción la presencia de la preposición de. El temor de algunos hablantes a caer en el conocido fenómeno del dequeísmo los lleva a omitir esta preposición en los casos en los que, sin embargo, es obligatoria.

La preposición de no debe omitirse cuando va con verbos que llevan un complemento de régimen (acordarse, alegrarse, arrepentirse, olvidarse… de algo o convencer, tratar… de algo). Tampoco con sustantivos y adjetivos que necesitan un complemento preposicional (a condición de, con ganas de… y seguro de, convencido de…). Ni con locuciones como a pesar de, a fin de, a condición de, en caso de, hasta el punto de…


Hay, por último, verbos que pueden construirse con, o sin, la preposición de. Es el caso de advertir algo a alguien y advertir de algo a alguien; avisar algo a alguien y avisar de algo a alguien; cuidar algo o a alguien y cuidar de algo o alguien; dudar algo y dudar de algo; informar algo a alguien (en América) e informar de algo a alguien (en España).

Para saber cuándo debemos emplear de que, podemos cambiar que por esto. Si queda bien, entonces va de. Por ejemplo: "Estoy seguro de que hoy llueve". "Estoy seguro de esto". 

Fuente: Fundéu (Fundación del Español Urgente), ¡Ay!, ahí hay un error
             

sábado, 6 de diciembre de 2014

"La tienda de equipajes", Ray Bradbury



Cuando aquella noche el dueño de la tienda de equipajes escuchó la noticia, transmitida directamente desde la Tierra en una onda de luz-sonido, le pareció algo muy remoto.

Una guerra iba a estallar en la Tierra.

El dueño de la tienda de equipajes se asomó a la puerta y miró el cielo.

Sí, allá estaba la Tierra, en el cielo nocturno, descendiendo como el sol detrás de las colinas. Las palabras de la radio y aquella estrella verde eran lo mismo.

—No lo creo —dijo el dueño de la tienda.

—Porque usted no está allá —dijo el padre Peregrine, que se había detenido para entretener la velada.

—¿Qué quiere decir, padre?

—En mi infancia era lo mismo —explicó el padre Peregrine—. Nos decían que había estallado una guerra en China y no lo creíamos. China estaba demasiado lejos. Y moría demasiada gente. Imposible. No lo creíamos ni al ver las películas. Bueno, así es ahora. La Tierra es China. Está tan lejos que parece irreal. No está aquí. No se puede tocar. No se puede ver. Es solo una luz verde. ¿En esa luz viven dos billones de personas? ¡Increíble! ¿Una guerra! No oímos las explosiones.

—Ya las oiremos —dijo el dueño de la tienda—. No puedo olvidarme de todos los que iban a venir a Marte en esta semana. ¿Cuántos eran? Unos cien mil en un mes, más o menos. ¿Qué hará esa gente si estalla la guerra?

—Supongo que volverán. Los necesitarán en la Tierra.
—Bueno —dijo el dueño—. Será mejor que sacuda el polvo de las maletas. Sospecho que en cualquier momento habrá aquí un tropel de clientes.

—¿Cree usted que si es esta la Gran Guerra de la que tanto se ha hablado las gentes de Marte volverán a la Tierra?

—Es curioso, padre; pero sí, creo que volverán, todos. Ya sé que hemos venido huyendo de muchas cosas: la política, la bomba atómica, la guerra, los grupos de presión, los prejuicios, las leyes; ya lo sé. Pero nuestro hogar está aún allá abajo. Espere y verá. Cuando la primera bomba atómica caiga en los Estados Unidos, la gente de aquí arriba comenzará a pensar. No han vivido aquí bastante tiempo. No más de un par de años. Si hubieran pasado aquí cuarenta años, todo sería distinto; pero allá abajo están sus parientes, y los pueblos donde nacieron. Yo ya no puedo creer en la Tierra; apenas puedo imaginármela. Pero yo soy viejo. No cuento. Podría quedarme aquí.

—Lo dudo.

—Sí, tiene usted razón.

De pie, en el porche, contemplaron las estrellas. Al fin el padre Peregrine sacó algún dinero del bolsillo y se lo dio al propietario.

—Ahora que lo pienso, mejor que me dé una maleta nueva. La que tengo está muy estropeada...



viernes, 28 de noviembre de 2014

"Tráiler", mejor que "trailer"


Tráiler es la adaptación al español del término inglés trailer, en referencia a los ‘fragmentos de una película que se proyectan antes de su estreno con fines publicitarios’.

El Diccionario panhispánico de dudas recoge tráiler como ‘extracto de una película que se proyecta, con fines publicitarios, antes de su estreno’. Por otra parte, lo apropiado es escribir este término con tilde conforme a las normas de la Ortografía de la lengua española. En el Diccionario académico, en la entrada de tráiler, se remite a avance, que se presenta como una variante válida en español dentro del campo cinematográfico.

Su plural es tráileres, tal y como propone la norma de formación de plurales de la Ortografía académica. 

Fuente: Fundéu (Fundación del Español Urgente)


viernes, 21 de noviembre de 2014

"Carta a un reportero", Antón Chéjov


Esta semana hubo seis incendios grandes y cuatro pequeños. Se suicidó un joven por el amor apasionado hacia una dama, y esa misma dama enloqueció al conocer su muerte. El portero Guskin se ahorcó porque había consumido en exceso. El día de ayer se hundió un bote con dos tripulantes y un niño pequeño… ¡Pobre niño! En los jardines públicos de La Arcadia, le agujerearon la espalda a cierto comerciante y casi le rompen la crisma. Atraparon a cuatro ladronzuelos bien vestidos, y un tren de mercancías naufragó. ¡Lo sé todo, estimado señor mío! ¡Qué circunstancias tan diferentes! ¡Cuánto dinero tiene usted ahora y no me da a mí ni un kopek! ¡Los buenos caballeros no hacen eso! 
Su sastre, Zmirlóv.


Informó: El hombre sin bazo.

viernes, 14 de noviembre de 2014

"Ortiba" y "ortiva", lunfardo


El lunfardo es un vocabulario, un conjunto de palabras que derivan de la deformación de términos gauchescos y de la interacción del castellano, debido a la inmigración europea hacia la Argentina, con palabras que provienen de otros idiomas, como el inglés y el francés. Muchos términos del lunfardo se encuentran en letras de tango; de hecho, se puede decir que el lunfardo es el idioma del tango.

Asimismo, bastantes palabras del lunfardo se refieren a la policía, al robo, a la cárcel y a la delincuencia. Esto se debe a que surgieron de la mano de los presos, que las usaban como códigos internos para que las autoridades no los entendieran. A comienzos del siglo xx, su uso comenzó a extenderse hacia toda la sociedad.


La palabra ortiba proviene de batidor (hablar de más, delatar). En cambio, ortiva se generalizó como aguafiestas, amargado, aburrido o quien no quiere colaborar.

Fuente: ¡Ay!, ahí hay un error

sábado, 8 de noviembre de 2014

"La torre", H. P. Lovecraft


Desde esa esquina se puede ver la torre. Si el testigo abandona por un segundo el ruido de la vida porteña, descubrirá tras las paredes circulares un aquelarre. El eco del mismo lugar que la humanidad resguarda en la penumbra bajo diferentes disfraces. La esencia de los cimientos de construcciones tan antiguas como las pirámides y Stonehenge. Allí se suceden acontecimientos —incluso próximos a lo cotidiano— que atraen a hados y demonios.

Fue lupanar y fumadero de opio. Acaso alguno de sus visitantes haya dejado el alma allí preso del puñal de un malevo. Pero fue cuando llegó aquella artista pálida, María Krum, que su esencia brotó al fin. Recuerdo que apenas salía para hacer visitas a la universidad. Fue en su biblioteca donde hojeó las páginas del prohibido Necronomicón. Mortal fue su curiosidad por la que recitó aquel hechizo. Quizá creyó que las paredes sin ángulos la protegerían de los sabuesos. Pero esas criaturas son hábiles, impetuosas, insaciables. Los vecinos oyeron el grito del día en que murió. Ahora forma parte de la superstición barrial. Pero yo sigo oyendo su sufrimiento y el jadeo de los Perros de Tíndalos que olfatean, hurgan y rastrean en la torre.

viernes, 31 de octubre de 2014

"Halloween", escritura correcta


Con motivo de la celebración de Halloween —que se festeja en algunos países la víspera del Día de Todos los Santos—, la Fundación del Español Urgente nos recuerda que debe escribirse con mayúscula inicial, sin redonda y sin comillas.

Según la Ortografía de la lengua española, los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de festividades se escriben con inicial mayúscula en todas las palabras significativas.

Por tanto, lo adecuado es escribir con mayúscula inicial Halloween, que es la contracción de la expresión inglesa All Hallow's Eve, cuyo significado es 'víspera del Día de Todos los Santos'.

También se escriben con mayúsculas iniciales Día de Todos los Santos, Día de los Fieles Difuntos y Día de los Muertos.

Fuente: Fundéu